El diseño y el aspecto
Esta pequeña traviesa azul parece que acaba de salir rodando de una buena noche de festival. Compacta, divertida y con un aire de «haz lo que quieras, yo lo grabo». No es una costosa réflex que, de todos modos, no te vas a llevar contigo, sino justo el tipo de cámara que tu amigo coge mientras grita: «¡Espera, espera, voy a hacer una foto!». Es un estilo en sí mismo, una especie de guiño al pasado, cuando la gente aún hacía fotos sin filtros.
Comodidad y uso
Es ligero en la mano, cabe en cualquier bolso o riñonera y es tan sencillo que hasta la leyenda de los festivales más curtida lo entiende. Lo sacas del bolsillo cuando alguien se pone a bailar de forma extraña, cuando tu amigo de repente empieza a contar una historia filosófica sobre la vida o cuando sale el sol y todo es demasiado bonito. Da la sensación de que se mueve contigo, de escenario en escenario, sin que tengas que temer que se estropee en medio del caos.
Para quién es
Para el estudiante que colecciona recuerdos como si fueran trofeos, para el noctámbulo que siempre se pierde ese momento clave porque tiene la memoria del móvil llena, y para el amigo que quiere grabarlo todo para que, años más tarde, os partáis de risa. Esta cámara es para todos aquellos que saben que una noche solo se convierte en una historia cuando tienes las imágenes que lo demuestran. Perfecta para la temporada de festivales, para los aventureros de la vida nocturna y para los amigos que nunca se conforman con lo mediocre.















